Carlos Andrés Quequesana Lagos, pensador, divulgador y representante de la filosofía de Francisco Suárez en Hispanoamérica, tertuliano del programa Caritas y Veritatis sobre teología y filosofía, ha sido entrevistado en el canal Católicos contra el Liberalismo para exponer las mentiras que vierte la escuela austriaca de economía sobre Suárez, polifacético en su área profesional siendo asesor especialista en prevención de riesgos ocupacionales y ambientales en procesos industriales, profesor de inglés en un instituto peruano-estadounidense y estudiante de filosofía de los últimos ciclos en una universidad de México donde viene divulgando y representando al Suarismo en el ámbito académico.

¿Por qué considera usted que Francisco Suárez es el tomista eximio, cuya línea es totalmente ortodoxa y en consonancia con la Tradición de la Iglesia a pesar de lo que por siglos le han cuestionado otros ilustres pensadores y detractores?

Primero hay que decir con toda razón que Suárez es un tomista, y por ese amor a Santo Tomás y la alta estima a su pensamiento que todos sus trabajos teológicos sean cuestiones disputadas según el orden de la Suma Teológica, es decir, Suárez para avanzar en teología no prescinde del aquinate, sino que va tras sus pasos. Respecto a la Metafísica lo mismo, ya que “[acerca del objeto de la metafísica] se esforzaron bastante en explicarla, …, diversos expositores griegos, árabes y latinos y, de entre ellos, nosotros nos valdremos ESPECIALMENTE, […], sobre todos ellos, de la (exposición) de Santo Tomás.” Y es que Santo Tomás es el supuesto necesario para el suarismo. Debido a que para el pensamiento de Suárez el fundamento es Tomás de Aquino, se sigue que el aquinate es imprescindible para el suarismo, a saber, no se es suarista sin ser tomista. Para terminar ello, en De Gratia, el granadino da unas hermosas palabras al respecto cuando dice que “Después de haber yo tomado siempre en mis demás obras y estudios teológicos a Santo Tomás por guía y principal maestro y de haberme esforzado en entender su doctrina, en defenderla y seguirla, ahora más que nunca estoy resuelto a hacerlo así, con más cuidado aún y con más afecto a este doctor.”

Respecto a su ortodoxia lo afirmo totalmente, y es que no sólo como prueba está el que el papa Paulo V le haya puesto el título de Doctor Eximio y Piadoso y el papa León XIII dijo de él que es con pocos comparable, sino que creo conveniente poner una prueba, a saber, los principios que guiaran su camino. Respecto a la teología dirá que “es necesario que advierta el teólogo que la filosofía debe estar sujeta y subordinada a la teología porque la verdad de la teología es más cierta y en cierta manera es norma de la verdad filosófica, de tal suerte que nada puede haber en filosofía que sea contrario a los principios teológicos […]”. Si pretendo poner todas las pruebas esta entrevista sería muy amplia por lo que las demás pruebas deben ser conclusiones de un viaje en la mente de Suárez a través de sus textos, a saber, toca leerlos.

Respecto a sus detractores hay que decir dos cosas, la primera razón es que hay tomistas y tomistas que critican a Suárez, muchos de ellos, incluso siendo especialistas en el tema, con grado magíster, profesores de teología y filosofía en instituciones reputadas, son tomistas de “solo suma” en relación con que reducen todo el pensamiento de Santo Tomás a la suma teológica, o creen que toda la cuestión metafísica se reduce al Del ente y la esencia. Es debido a esta ignorancia del doctor angélico que crean ficticiamente la disyunción o tomista o suareciano; a estos tomistas es necesario decirles que Santo Tomás tiene muchos tratados más, que, todos ellos en conjunción, nos dan el pensar de Santo Tomás y que Suárez va a considerar para su teología y metafísica. La segunda razón es que hay otros tomistas que son nada más y nada menos que ignorantes en Suárez, pues, así como reclaman a los neotomistas o modernos interpretar a Santo Tomás desde Santo Tomás, se les reclama de parte del suarismo que interpreten a Suárez desde Suárez y no desde sus referentes tomistas contrarios al pensamiento del doctor eximio. Expuestos estos dos puntos puedo poner una prueba vital y es que hay tomistas que son progres, hasta luteranos, mientras que no hay suarista que sea progre o luterano, mucho menos liberal en lo económico; y es que no hay suarista que no ame la tradición y que no conceda una sola coma a la “nouvele theologie” ¿Por qué será? Les invito a amar y seguir al sol de los doctores de la Iglesia, Santo Tomás, por medio de la vía de Suárez y no ser un tomista farisaico.

No solo es válida, sino que añade una gran luz en algunos temas como por ejemplo en las enseñanzas con relación a lo que es la misma Iglesia y su función en su tratado De Ecclesia.

Como es clásico de Suárez, debemos empezar por el concepto ecclesia, el cual viene del verbo ekkaleo que significa llamado o convocatio en relación con una convocación a una congregación. De aquí se sigue que ecclesia es la convocación para congregarnos con Dios. Por ello dirá que la Iglesia es la congregación de los fieles. Algo a resaltar aquí es que al ser ecclesia-convocatio, ésta es sólo para seres racionales, razón por la cual todos aquellos que pretendan que los animales o seres vivos no racionales sean parte de la iglesia de Cristo van en contra de la misma naturaleza de la Iglesia.

Suárez no va a dejar allí la cuestión de la Iglesia, sino que a su vez va a advertir que no es sólo congregarse sin más, sino que es la congregación de todos los fieles que creen en Cristo. Lo hermoso de adentrarse en la esencia de la Iglesia, es que Suárez va a citar a San Filogonio, del cual va a explicitar y poner para todos que para hablar de la Iglesia no se puede prescindir de la Iglesia Triunfante y la Iglesia Militante.

Respecto a su función, esta es ser Columnam et firmamentum veritatis, y ya que posee la verdad, es la única entidad que tiene autoridad de enseñar, corregir y salvar con la verdad al mundo entero.

Afirma Suárez que la iglesia existe desde Adán y Eva, ¿Cómo se puede compatibilizar esta enseñanza con la habitual enseñanza de que la Iglesia empieza a existir en un momento concreto por Cristo?

Para ello Suárez presenta un silogismo muy interesante, a saber, 1) la Iglesia es la congregación de fieles, 2) Adán y Eva en estado de inocencia fueron fieles, luego su reunión (Adán – Eva – Dios) era la Iglesia. Se podrá decir que esta tesis de la Iglesia antes de Cristo encarnado es una novedad ¡Vaya ignorancia! Suárez va a abordar esta cuestión de los santos padres de la Iglesia, incluyendo a San Agustín quien postula que la Iglesia empieza desde Caín y Abel.

Si este tema se hace polémico se podría ahondar más en próximos trabajos, así como en los comentarios, pero para hacer de esta entrevista divulgadora, termino diciendo que Suárez con ello ha protegido la Catolicidad quad tempus de la Iglesia de Cristo, a saber, ha estado en todo tiempo. A su vez Suárez con ello defiende que fuera de la Iglesia no hay salvación ni santidad, de lo que seguirá que sin la Iglesia hubiese sido imposible que haya la historia de salvación (antiguo testamento) por lo que, si después del pecado original pudieron ser guiados por Dios para esperar al redentor del mundo, fue gracias a que eran parte de la Iglesia, sino tendríamos que aceptar que fuera de la Iglesia puede haber salvación o santidad; como prueba de esto último es la tesis de Suárez que Abel a los ojos de Dios era justo, lo cual sólo puede ser posible si estuviera dentro de la Iglesia.

Respecto a la existencia de la Iglesia en un momento determinado después del nacimiento de Cristo se niega como conclusión, pero no se niega su edificación o institución a partir de Cristo, lo cual son cosas distintas. Existe desde el inicio, pero como institución es a partir de la venida de Jesucristo. Se concluye que antes de Cristo algunos del pueblo de Israel eran de la Iglesia no en virtud de la religión judía sino en virtud de esperar al redentor del mundo y después de Cristo en virtud de creer en él y ser parte de la Institución dejada por él a cargo de Pedro, institución dejada para ser columna de verdad universal a través de la cual sí y sólo sí se es de la Iglesia de Cristo y nada fuera puede encontrarse fuera de esta Institución.

¿Cómo podemos saber con certeza cuál es la Iglesia de Cristo?

Suárez primero va a pasar a describir las propiedades necesarias a través de las cuales la Iglesia verdadera es reconocida:

1. Unidad, una y no varias, una desde siempre (continuidad) y una en su jerarquía ordenada.

2. Santidad, por ser contraria a la maldad, por su fin y su medio, a saber, por su ley y su culto a Dios; es a su vez santa a partir de la mejor parte de los miembros, los santos. Y he aquí la tesis más hermosa, a saber, “fuera de la iglesia no hay santidad”.

3. Catolicidad, primero porque está extendida por todo el mundo (católica quad locum) incluyendo la tierra donde militamos, el purgatorio donde nos purgamos y el cielo donde triunfamos; segundo porque congrega personas sin distinción (católica quad personas); tercero, porque ha existido y existirá en todos los tiempos (católica quad tempus), como ya probamos desde Adán, y por último por su doctrina universal (católica ratione doctrine).

3. Apostolicidad, fundada sobre la predicación apostólica y especialmente sobre Pedro, y porque tienen legítima sucesión y tradición apostólica hasta el presente.

Dicho esto, Suárez plantea que todas estas propiedades, aunque son evidencias de la Iglesia verdadera, está en la unidad el fundamento primero para saber cuál es la Iglesia verdadera, a saber, donde se encuentra el Papa, ahí está la Iglesia verdadera. Respecto a este último punto, por contexto actual, para evitar que se le acuse a Suárez de amor desordenado a la cátedra de Pedro. Será bueno hacer recordar a los que plantean tal acusación, que hasta los principales detractores de Suárez coincidieron en la posibilidad del papa hereje, posibilidad que Suárez explicó magistralmente.

Fuera de ello hay una cuestión de la época de Suárez que hasta hoy nos viene perjudicando, a saber, la tesis de la Iglesia esencialmente invisible o subjetiva. Planteado así por Lutero y otros, se pone las bases para postular la relación inmediata con Dios y con ello la no necesidad de la Iglesia-institución y con ello el error de decir que esta Iglesia subjetiva es la única Iglesia verdadera. Suárez replicará que la Iglesia es esencialmente visible y lo prueba con la designación de Cristo de una cabeza visible para que podamos congregarnos en ella. Primero, Cristo manda a hablar a su Iglesia (Mt 18: 17) ¿Cómo hablarle a una Iglesia si ésta es invisible o subjetiva? Pues para hablarle debe identificarla y para ello ésta debe ser visible. Segundo, Cristo pone a un Pastor de toda su Iglesia (Lc 22, Jn 20 y 1 Pe 5) y se pregunta “quomodo enim pascent aut confirmabunt quos non cognoscunt?” Luego, ha de ser visible. Este punto es vital, a saber, la Iglesia verdadera no es invisible o subjetiva, sino que es de tal manera observable que puedan congregarse en ella todos los fieles, donde podamos obedecer al pastor y donde podamos comunicarnos con nuestros hermanos. Esto es fundamento para declarar no sólo que la Iglesia es una institución sino a su vez una res publica. Todo esto repercute en declarar que la Iglesia verdadera tiene todos sus sacramentos de manera visible y no invisible, punto que hoy la Iglesia, por más que haya sido dañada por la corriente luterana, nunca podrá hacerla una doctrina universal tal como antes ya hemos concluido (católica ratione doctrine)

¿Por qué debe ser la Iglesia Jerárquica?

Suárez lo responde muy sencillo, a saber, “[…] si hoc ordine Ecclesia privetur, non potest intelligi ejus unitas sine magna confusione; dicetur igitur ineptissime constituta”. Ahora bien, Cristo no puede hacer nada de manera inepta, luego no lo hizo sin tal orden, a saber, jerarquía. De hecho, el modo de gobierno no puede cambiar, y si alguien empieza enseñar tales tesis incurre en herejía. El orden Jerárquico y el gobierno monárquico no pueden ser cambiados y debe cuidarse de no atentar en las cátedras contra ellas.

Cristo fundó la Iglesia visible para que todos la reconocieran, pero ciertamente más de 2000 años después muchos no la reconocen… ¿Qué es lo que ha fallado?

Basándome sólo en lo que presento del doctor eximio y piadoso, puedo afirmar que se ha dejado de lado la absoluta necesidad de la Iglesia como institución; se ha olvidado de que somos del reinado de Cristo y esta verdad en muchos sitios ha sido reemplazada por nacionalismos, patriotismos y globalismo; se ha dejado luteranizar la iglesia, es decir, se hace creer que la relación con Dios es de manera inmediata yendo en contra de la esencia misma de la Iglesia de Cristo, mediadora absoluta para relacionarnos con Dios, mediadora de gracia para que haya Santidad y Salvación, ya que sin la Iglesia, la Santidad y la Salvación son imposibles. En el antiguo testamento dieron la vida esperando al salvador y que éste les muestre el camino; el salvador, Cristo Nuestro Señor llegó y ahora nos toca seguir el camino trazado, tal camino es dentro de la Iglesia, por ello ser de Cristo es ser de la Iglesia Católica, un cristiano no católico es como un círculo sin radio.

¿Quiere hacer alguna una última reflexión?

Suárez muestra en su análisis un recurso bibliográfico tremendo no hablando nada de lo que antes no se haya hablado (otra cosa es que se haya olvidado) y es por ello por lo que espero esto sirva para que el doctor eximio sea leído sin prejuicios por aquellos tomistas que creen que fuera de la interpretación de los príncipes tomistas dominicos no hay tomismo posible. Suárez le llamaba Divo Thomas y a ningún otro filósofo o teólogo le puso el adjetivo de divino y por ello un Suarista trata con el mismo trato a Santo Tomás y por ello el Divo Thomas debe ser el puente entre tomistas suaristas y tomistas dominicos para detener los ataques que tanto tiempo se han perpetrado. Esta entrevista espero mueva el intelecto a querer leer a Suárez desde Suárez por el bien de la filosofía perenne. Dios me dé el tiempo para poder establecer una casa de estudios suarista para traducir todas las obras de Suárez al español y hacer accesible el pensamiento del doctor eximio para todos. Próximamente sabrán más de Suárez porque vengo trabajando en un libro sobre su Metafísica y otro sobre la apología a Suárez contra sus falsos intérpretes.

Deseo terminar dejando por escrito el epitafio de Francisco Suárez que dice mucho de él, a saber, cómo se percibía entre tantos magnos teólogos y filósofos: “Maestro de Europa y, por tanto, del mundo entero; fue Aristóteles, en las ciencias humanas; el Angélico Tomás, en las Divinas; Jerónimo, en la ciencia de la Escritura; Ambrosio, en la cátedra; Agustín, en la polémica; Atanasio, en la explicación de la Fe; Bernardo, en la meliflua piedad; Gregorio, en la exposición de la Biblia, y, en una palabra, el ojo del pueblo cristiano; mas a solo el juicio de él mismo, era nada”.





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