Mons. Ricardo Coronado Arrascue, J.C.D. actualmente es Vicario Judicial del Tribunal Interdiocesano para las Diócesis de Cajamarca y Chachapoyas y la Prelatura de Chota en Perú. Ha ejercido la docencia en tanto en seminarios de Perú como Estados Unidos. En USA se desempeñó por 17 anos como Vicario Judicial y Canciller de la Diócesis de Colorado Springs. Hizo sus estudios eclesiásticos en la Facultad de Teología Pontificia y Civil de Lima. Hizo estudios de derecho en la Pontificia Universidad Católica del Perú. Obtuvo la Licencia en Derecho Canónico en la Universidad Pontificia de México y el Doctorado en la Universidad Pontificia de Salamanca, España.

Como perfecto conocedor de las dictaduras marxistas en América analiza brevemente la situación actual de Nicaragua.

¿Qué valoración hace de la persecución a la Iglesia en Nicaragua?

Los últimos eventos ocurridos en Nicaragua han despertado una alarma que parecía ya silenciada desde décadas atrás. El interés que esto despierta se vincula directamente con los derechos originarios del ser humano, los cuales han sido, sino negados, si conculcados por los regímenes totalitarios que han amenazado a la convivencia pacífica de las sociedades a las cuales les niegan la oportunidad de su desarrollo cívico. Para quienes, por diversas razones, les interese el derecho eclesiástico del estado, las violaciones ocurridas en Nicaragua no pueden sino ser ocasión del mayor repudio y condena.

La detención arbitraria e ilegal del obispo de Matagalpa Mons. Rolando José Álvarez Lagos y sus colaboradores es el resultado de un itinerario sinuoso del marxismo en Iberoamérica y su relación con la Iglesia católica.

¿Cuáles son los antecedentes de esta persecución?

En el primer gobierno (1985-1990) de Daniel Ortega tuvo como entusiastas participantes a los sacerdotes Miguel D’Escoto Brockmann, quien fue canciller del régimen, a Fernando Cardenal, quien fuera entonces ministro de educación, así como a los colaboradores como el sacerdote y guerrillero Gaspar García Laviana y el poeta Ernesto Cardenal, entre otros. No era infrecuente que en recintos de la Iglesia se traficaran armas y se gestaran acciones armadas. El génesis de todo este movimiento se veía justificado al parecer de sus gestores por la lucha contra la dictadura de Anastasio Somoza y sus constantes violaciones de los derechos fundamentales. Muchos católicos y clérigos consideraban justa y laudable la lucha armada y se unieron al Frente Sandinista de Liberación Nacional. Esta afiliación consistió también en hacer propio el análisis marxista y la ideología promovida por el partido. Esto se hizo aun más posible gracias a la popularidad que había hallado en el campo teológico y académico la llamada Teología de la Liberación.

En este contexto los sandinistas y en particular los regímenes liderados por Daniel Ortega solo conciben como legítima la acción de la Iglesia cuando apoya a sus intereses y a su ideología.

¿Cuál es el precio de ser una voz disidente?

El precio de ser una voz disidente es muy caro. Si los prelados o el clero en general alzan su voz ante las injusticias que se producen por parte del gobierno entonces son de inmediato considerados “traidores del pueblo” y su camino es sufrir la represión, la cárcel, o el exilio, si es que no se llega al extremo de atentar contra su vida o su integridad física. Regímenes de este tipo solo consideran al estado o al partido de estado como único y exclusivo protagonista de la vida pública. Obviamente uno de los postulados libertarios de muchos estados modernos es el de la Libertad Religiosa, que con frecuencia son mencionados en las constituciones modernas como un modo de cumplimiento formalista; pero que en la realidad es convenientemente vulnerado en variadas circunstancias. En la actualidad este peligro se cierne también en otras latitudes de la región.

¿Cuál fue a su juicio el detonante de todo?

Cuando los obispos del Perú se pronunciaron acerca de la gravísima crisis de corrupción generada por el actual gobierno también de corte marxista. Inmediatamente el congresista Valdemar Cerrón amenazó públicamente a la Iglesia diciendo: “Si la Iglesia ingresa en temas de Estado, se intervendrá su institución”. Otro síntoma ha surgido en Colombia, su gobierno habría ordenado la ausencia de sus representantes en la sesión de la OEA para condenar la violación de los derechos humanos y el hostigamiento a la Iglesia Católica por parte del gobierno nicaragüense.

El tema de Nicaragua no ha pasado desapercibido en Roma…

Recientemente el Papa Francisco ha declarado su preocupación por los sucesos en Nicaragua y ha llamado a un dialogo sincero. Es de desear que este encomiable llamado tenga consecuencias prósperas. No obstante, nos queda nuevamente la dura lección que quienes confían en los métodos del marxismo o pretenden sintetizar, por amor a los pobres, por atender a los marginados, o cualquier otro noble motivo, la teología católica con sistemas de pensamiento tan contradictorios al Evangelio y la Tradición solo generan una realidad mucho peor que el mal que deseaban combatir. Hoy la rica y fervorosa identidad católica de Iberoamérica no se ve amenazada solo por el globalizante secularismo, sino por ideologías violentistas y ateas que so pretexto de justicia social usan como tontos útiles a muchos católicos que al final serán víctimas de sus propios pseudo aliados. La privación de la libertad de Mons. Rolando José Álvarez Lagos y sus colaboradores debe ser considerada una gravísima amenaza contra quien tenga el mínimo sentido de un Estado de Derecho y de la convivencia cívica. Su liberación es un pendiente urgentísimo.

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